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sábado, 8 de diciembre de 2012

CRÓNICA DE UN CONCIERTO ANUNCIADO: calando hondo…

Esta es la historia de cómo un día de m… finaliza con una de las mejores noches de mi aventura parisina. Hoy me vuelvo a permitir no escribir sobre moda ni comunicación (al menos a priori). Escribo la crónica de un concierto anunciado, que ya daba por perdido hasta una hora antes (entendéis ahora lo de a priori, ¿no?)

Cuando preparaba mi viaje a París (en aquel septiembre lejano y cercano a la vez), vi que Leiva tocaría en una sala cerca de Bastille y decidí que iba a ir a verle. Ya estando aquí vi que las entradas eran muy asequibles, pero nunca llegué a tener dinero suficiente para permitírmelas (priorizaban otras cosas, como el abono o los regalos de navidad. No penséis que estoy mal viviendo en la calle ni nada de eso) Ayer, mientras hablaba de otras cosas con un AMIGO de Madrid (y sí con mayúsculas, y no sólo por lo que viene a continuación...) le dije de broma: “Me podías comprar las entradas para ir a ver a Leiva ahora en un rato” y me dijo “Vale, será mi regalo de Navidad de este año”. Eran las 18:45 h el concierto empezaba a las 20 h y tardaría una hora en llegar. Nerviosa perdida imprimí la entrada, me preparé, cogí la cámara, puse Diciembre en el iPod y ¡me fui corriendo!
Llovía y hacía frío, pero daba igual, en ese momento ni sentía ni padecía. Cuando llegué me hice “amiga” de unas chicas en el baño (ya se sabe que las mujeres siempre hacemos amistades ahí) y como iba sola, me invitaron a ir con ellas. Cuando entré a la sala, estaba tocando el telonero, que resultó ser el cantante de Tam Tam Go (Nacho Campillo, que se personaba como Reyno) Nos vinimos arriba con aquella de: “Voy cruzando el río, sabes que te quiero, no hay mucho dinero, lo he pasado mal… ¡lo he pasado mal!” Es un temazo ¡eh!

Termina Reyno y sale a escena el inconfundible micrófono de Leiva con dos pañuelos (esta vez en tonos naranjas y crema. Típico comentario de moda, para qué guarde coherencia con el blog jaja) Ahora llega, para mi, el peor momento de los conciertos: la espera entre telonero y TU ARTISTA. Ves como se recogen todos los instrumentos de los primeros y empiezan a sacar los de Leiva y la Leiband (que en este caso estaba reducida al ser acústico). Enchufan amplis, colocan micrófonos, prueban sonido, afinan guitarras, colocan el track list del concierto, que todos los de la primera fila corremos a ver, termina la música de ambiente que te ponen para hacer la espera “más llevadera", y…
Ahí estaba yo, en primera – segunda fila del acústico de mi artista preferido. Aunque había conocido a gente, realmente estaba sola, y así quería seguir. Sola con Leiva, para poder disfrutar de sus poemas y de su íntima voz. Silencio, nadie en escena y ahí sale Leiva escoltado por su hermano Juancho y César Pop al piano. Sombrero negro, chaqueta también negra (que se quitaría tres canciones después), pitillos negros, botas marrones (creías que también iban a ser negras, ¿eh?), su barba de más de tres días, su guitarra, su púa y su voz. Ya estaba Leiva y empezaba el show.


Duró aproximadamente una hora y media, no hubo bis porque dijo que ese teatrillo absurdo, hoy era innecesario, y así nos regalaba tres canciones más, en vez de dos (que hubiese sido lo normal en el bis). Tocó temas de Diciembre, de Pereza e incluso versiones de Albert Pla como “El bar de la esquina” y de los grandes Andrés Calamaro y Joaquín Sabina con “Todavía una canción de amor”. De Pereza pudimos escuchar “El caso de la rubia platino”, “Animales”, “Amelie” (sabe que amamos esa canción), “La chica del tirso”, “Windsor”, “Por mi tripa” y “Lady Madrid” o “Lady París” como cantó en medio de la canción.

Pero el protagonista era Diciembre. Como dijo en una de esas pausas suyas, “hoy estoy contento de poder tocar Diciembre, en diciembre y en París” (yo también estaba muy pero que muy contenta) Durante el concierto, contó anécdotas de todo tipo. Lo primero que dijo al sentarse, fueron unas palabras de agradecimiento, ya que estaba sorprendido de encontrar una sala que conocía su música pasada la frontera (aunque todo hay que decirlo, éramos españoles todos menos los de la puerta jaja) Pero también nos contó que pensaban que en París había que comportarse correctamente, con tanto glamour y finura, y sin embargo, al llegar lo que se encontraron fue a un montón de españoles haciendo ruido (esto despertó una gran carcajada y aplausos entre los que allí estábamos) También dijo que un grupo de franceses, allí presentes, estaban aprendiendo español con sus canciones (¡emocionante hasta decir basta!).  Incluso tuvo su momento reivindicativo, al decir que en Francia la cultura es lo primero, no como en España... (¡de diez! ) ¡Ah! y prometió volver. ¡Cumple tu palabra, eh! :) 
Empezó el concierto con unas botellas de agua que se convirtieron por arte de birlibirloque en vasos de cumpleaños de gyn tonic (aparentemente) y que fueron cayendo canción tras canción (ya se sabe que esos mini vasos se beben de un trago). Terminaba las canciones con un “thank you”, “gracias” o “bueno y merci”, un “batiburrillo” como él mismo nos advirtió. Simplemente genial, como siempre…
Diciembre es un disco que habré escuchado mil millones de millones de veces (como todos los de Pereza), pero ayer, descubrí nuevos matices. Muchas de las frases que suenan en mi iPod, ayer retumbaron con significados y fuerzas especiales en esa sala de París. Poemas escritos en clave de sol. Versos trascritos en partituras. Rockero romántico. Emociones distintas dibujaban las cuerdas de su guitarra. Sus embriagadoras letras, que siempre van directas a mi corazón, melódicas y armoniosas, entonadas por sus cuerdas vocales. ¿Sería porque estaba muy cerca de él y todo sonaba y me llegaba mejor? (creo que incluso me miró en un par de veces ahhh… Momento grupi, lo siento…)
Pero para mí el momento mágico, fue sin duda “Vis a Vis”, y no sólo porque es la canción que más me gusta del disco. Empezó contando la explicación de los primeros versos (momento moffing* máximo), y terminó poniéndome los pelos de punta.

“Para dejar por escrito, qué no voy a abandonar y ponerle sangre al grito de los que aman sin poder amar…”

Con este verso termina la canción. Mirada perdida de Leiva hacía el fondo de la sala, sin parpadear, puede que pensando en algún recuerdo doloroso de amor... Esta canción no la cantó su garganta, la voz salía directamente del corazón. ¿Sabéis esa sensación de hablar de algo que nos duele, pero no puedes dejar que los demás lo noten? ¿Y cuando te quedas mirando a algo embobado pensando en cualquier cosa? Así terminó Leiva esta canción y así la terminé yo con él, mirándole a los ojos, donde se reflejaban transparentes su alma y corazón. Últimos acordes, “gracias”, media sonrisa, respira, coge de nuevo la guitarra, mira a César y como un huracán vuelve a la carga. No creo que mucha gente se diese cuenta de estos segundos, pero para mí fueron preciosos. En esta canción era Miguel, no Leiva… Aunque lo cierto es que ayer le vi especialmente sensible y emocionado ayer al cantar determinados versos... o igual era yo, que estoy más sensible de lo normal estos días... En cualquier caso, él, o yo, o todos, nos emocionamos muchísimo con esta canción, he dicho.
Iba terminando el concierto, y nos invitó a ir a un local para vernos después y continuar la fiesta, pero yo debía volver a casa, porque si no cerraba el metro… Aún así me fui contenta. Me despedí de una pareja madrileña con la que terminé el concierto (¡Encantada, sois geniales!) y puse el gps dirección "Mi casa de París"... Llamé a mi familia, hablé con personas que me alegrarón el corazón, y aunque me quedé con ganas de contarles más detalles, ya leerán esto donde lo explico mejor J Por el camino de vuelta iba sonriendo, viendo el vídeo de “Champagne” que grabé (¡¡la primera vez que la oí en directo y me volví loca!!) Cuando salí del metro y llegué a mi calle iba saltando, corriendo y cantando. Llovía, pero las gotas caían al ritmo de “Eme” que sonaba en mis cascos, no había excusa. No había nadie por la calle, por lo que podía dar rienda suelta a mi felicidad sin tener que pasar vergüenza de que me vieran tocar una guitarra imaginaria o bailar al ritmo de la canción que sólo oía yo. 
Siempre que salgo de un concierto de alguien que me gusta tanto, una sensación de buen rollo y felicidad me invade durante días. Seguro que muchos pensáis que estoy un poco fatal de la cabeza o que no es para tanto, pero… para mí sí. La música me da la vida, y cuando la gozo de esa forma en un concierto sintiendo la piel de mi cantante preferido y dejándome la voz con el resto del auditorio, me da una energía muy especial.

La semana pasada estuvieron aquí mis amigas y esta ha estado Leiva (ya sé que no ha venido a verme a mi, pero yo a él sí jaja). Así, sí que puedo afrontar estos últimos 15 días antes de volver a casa. Ha sido otra forma de sentirme en Madrid, aunque sólo sea por unas horas. Han sido mis particulares Vis a Vis. Pequeñas visitas, contacto con algo que me recuerda a mi hogar y a mi ciudad, que ayudan a afrontar los momentos de soledad y desorientación, en un sitio donde aún no echas raíces (aunque sí amistades). En definitiva, que estoy en Éxtasis, porque ayer fui al concierto de Leiva y porque ya sí que me salen Las Cuentas, ya no estoy Sudando la TristezaNunca Nadie me dijo que esto iba a ser un camino de rosas, pero ya estoy en el tiempo de descuento, en los Penaltis, y me queda un Telediario para volver a casa. Además, mamá me ha dicho que me va a dar de comer "Todo lo que tu quieras" (cosas ricas que aquí no he comido como tortilla de patatas, ensaladilla... ummm) Prometo veros a todos Aunque sea un rato, hasta que me diga a mi misma Hoy no me encuentro, de andar de un lado para otro. Os voy a dar 92 besos y abrazos a todos, hasta que me mandéis a la EME de ser tan cansinaaaa jajaja **

¡Gracias por hacer de un viernes lluvioso un día maravilloso! (ya sabes que te lo digo a ti, no a Leiva, aunque también se lo podría decir a él… jajaja) Y sin haberlo pensado me ha salido un pareado.
Un abrazo enredadoR :p

*Moffing: dícese de una expresión inventada por mi misma que viene de otro palabro: mofa. Vamos, lo que viene siendo, que te partes de risa de algo J
** Las palabras en negrita y cursiva son el título de las trece canciones del disco Diciembre de Leiva (que seguro que muchos como mi mamá no lo saben, y si no lo entienden, no tiene gracia :P )